Salud febrero 2012

El amor y sus químicos
El amor está rodeado de mitos, los poetas, la literatura, el cine y las artes le han dado su Denominación de Origen.
Por: Rosa Chávez Cárdenas / Fotografía: Dreamstime.com
El amor y sus químicos
El amor es un sueño y un deseo que, de tan buscado, resulta difícil darle significado. A la frase: “Y fueron felices para siempre”, con la que finalizan los cuentos, la vida real se ha encargado de desmitificarla, vivir en pareja con el tiempo se vuelve complicado. Los occidentales que no tenemos la disciplina de la meditación como los orientales, buscamos con afán fuera de nosotros el complemento que algún día perdimos: el amor de pareja, la media naranja, un vacío que trataremos de llenar tarde o temprano.

 

¿Cómo sucede el enamoramiento?



Entre los cinco y los ocho años, los niños desarrollan mapas mentales como resultado de las asociaciones realizadas con los miembros de su familia; de esta manera, en su vida adulta la ruta ya estará trazada: la atracción se dará con personas con similitudes de aquellos que le son significativos. El enamoramiento fluye en ambas direcciones, está dado por opuestos y es inconsciente.    

El amor no sólo es un sentimiento o un apego, amar es un acto de voluntad, una decisión, un asunto del cerebro más que del corazón. La persona amada nos despierta una serie de reacciones: liberación de sustancias químicas que generan un sinnúmero de emociones que crean energía. Descargas de neurotransmisores —sustancias que intervienen en el desarrollo de la memoria y en las diversas conductas humanas— y hormonas que incrementan el deseo.

El encuentro erótico genera una descarga importante de químicos que participan en el placer, generando una dependencia similar a la de cualquier sustancia adictiva. Las sustancias involucradas en el enamoramiento están relacionadas con altos niveles de dopamina, norepinefrina y feniletilamina. Basta con traer a la memoria la imagen del amado, su aroma o un deseo para que se disparen los químicos, lo que se conoce como “las maripositas en el estómago”.

La dopamina es un químico que produce sentimientos de satisfacción y placer, aumenta la energía y la motivación para el sistema de recompensa en el cerebro. Cuando la mujer siente amor romántico el detonador de la respuesta se origina en una zona del cerebro llamado sistema límbico, que controla las emociones, aumentan los niveles de químicos relacionados con las emociones y los sentimientos.

 

La adicción se inicia

El cuerpo libera mensajes químicos constituidos por aminoácidos y hormonas que se transmiten por el aire y penetran en la nariz produciendo sensaciones de agrado o desagrado. El olor corporal es muy sutil, las glándulas de la piel segregan feromonas que estimulan las zonas erógenas, si el olor es agradable para ambos ocurre la atracción y el deseo de estar juntos.

La experiencia de enamorarse es estimulante e intensa y concluye en el deseo de una nueva conquista. El deseo sexual se une a la idea del amor; sin embargo, si el deseo sexual no está estimulado por el amor no garantiza la permanencia. En la fase de euforia el deseo ardiente de sexo está unido a la hormona testosterona. De pronto se prende la alarma, se pone en alerta todo el sistema para enfrentar la emergencia, el hipotálamo —el centro de las emociones— envía mensajes a las diferentes glándulas, especialmente a las suprarrenales que eleven la adrenalina y noradrenalina, el corazón responde latiendo apresuradamente, las pulsaciones y la presión arterial se elevan, se liberan grasa y glucosa para la tonicidad muscular, los glóbulos rojos aumentan para incrementar el transporte de oxígeno, de esta manera todo el sistema está listo para descargar la tensión: un acto de placer, el fortalecimiento de los vínculos humanos y el aumento de la conciencia del ser.

El enamoramiento inicia cuando se produce en el cerebro la liberación de químicos como la feniletilamina y la dopamina, sustancias que producen sentimientos de satisfacción y placer: aumenta la energía, la motivación para la recompensa y los sentimientos de regocijo. El cerebro libera sustancias placenteras altamente adictivas que nos hacen sentir “fuera de la realidad”, similar a trastornos mentales como en la esquizofrenia. Un amante enamorado es un amante desubicado, la maraña de juegos de placer erótico y la pasión fluida que caracteriza a los amantes se convierte en una adicción, un vínculo que a cada intento por separarse los hace más fuertes.

Tocar y acariciar son un fin en sí mismo, constituyen una forma primaria de comunicación, una voz silenciosa que evita la trampa de las palabras, al mismo tiempo que expresa los sentimientos del encuentro. El hecho de acariciar es un placer sensual, una exploración de la textura de la piel, de los contornos del cuerpo, es la naturaleza del sentido del tacto, hecho para dar y recibir, la fuente de emoción de la cual fluye la sexualidad; al comunicarse con el tacto la pareja reafirma su confianza y renuevan el compromiso que los une.

Cuando la persona reacciona sexualmente al deseo, a la excitación y al orgasmo, involucra una gran cantidad de transformaciones corporales, el proceso se desencadena por medio de dos lenguajes: el cuerpo (inconsciente) y la palabra, el vínculo se realiza en una danza reciproca. Puede haber sexo sin amor, pero al experimentar sexo con amor se trasciende, se eleva a un nivel espiritual.

Cuando los amantes tienen que separarse se presenta el síndrome de abstinencia, un proceso de duelo muy doloroso sobre todo en los más jóvenes, reacciones tales como pérdida del control y deseo de morirse; sin embargo, hay buenas noticias: sustancias que sustituyen a los químicos mientras pasa el duelo. El chocolate es un buen sustituto que además incrementa el placer oral, es rico en feniletilamina, antidepresivo vegetal por excelencia, como dijo Charlie Brown: “Una buena manera de olvidar una historia de amor es comerse un buen pudín de chocolate”.

 

Recomendaciones

  • Hormona mata neurona.
  • “El amor es ciego, pero el matrimonio le restaura la vista”, Georg Christoph Lichtenberg.
  • “El amor es la única libertad en este mundo, porque eleva el alma a una altura sublime que no alcanzan las leyes, ni las tradiciones de los hombres, y que no dominan las fuerzas de la naturaleza”, Gibran Khalil Gibran.

 

* Dra. Rosa Chávez Cárdenas es psicóloga, homeópata y terapeuta. Consultorio: Tenochtitlan No. 361, Jard. del Sol, Zapopan, Jal., teléfonos (01 33) 3631 8312 y 3632 3166, Cel. 333 166 92 72, o contáctala en: rosamchavez@hotmail.com.

 

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